Charlatanes y Einstein: una relación de amor-odio.

Einstein

Hace tiempo que tenía ganas de escribir sobre la inmensa cantidad de basura que hay dicha y escrita en torno a la figura de Albert Einstein, popularmente identificado como la persona más inteligente del siglo XX aunque nunca pasó un test de inteligencia y por tanto no es un dato contrastable, y autor de obras muy importantes de la física, entre ellas la teoría de la relatividad.

Debido a los dos puntos anteriores, ha sido, es y presuntamente será foco de atención de varios narcisistas a lo largo y ancho del planeta que para dejar clara su superioridad intelectual intentan quedar por encima de él sin preocuparse de tener un mínimo de formación. Escribo hoy con intención de comentar algunas de las barbaridades que he ido recopilando durante los últimos años de gente que pretendía haber quedado por encima de él.

Esta entrada será, o pretende ser, divulgativa, por lo que la escribiré en términos bastante normalillos. Quienes quieran conocer las teorías de la relatividad especial y general formalmente pueden seguir los enlaces a los que llevan en este párrafo.

La humildad de la ciencia:

Nuestro cerebro es vago y muy perezoso. Si puede creer que entiende algo y que es igual de competente que la persona que tiene al lado lo hará. Y esto es algo que debemos corregir. Ramón Nogueras, psicólogo y autor de uno de los blogs que enlazo a la derecha en el blogroll, dice que cuanto más aprende sobre los sesgos de la mente, más se convence de que todo el conocimiento y formalismo científico ha surgido por la necesidad de evitar a toda costa estos autoengaños.

El gran enemigo de la ciencia es, por tanto, el efecto Dunning-Kruger, según el cual la gente que controla menos de un tema sistemáticamente tiende a sobrevalorar sus aptitudes sobre el mismo, mientras que la gente más formada tiende a infravalorarse. No deja de ser una realización de lo que ya anticipaba Sócrates como base de la humildad del conocedor: “sólo sé que no se nada”. Quien cree saber todo, no es consciente de sus limitaciones y no se corta en hacer el ridículo. Un ridículo que solo se percibe sabiendo identificar dónde falla, y que acarrea la consecuencia de que puede convencer a otros de que sabe de lo que habla cuando en realidad no es así.

Esta es causa directa de que la ciencia tenga menos relevancia social que la que debería tener. Si solo sabiendo algo somos conscientes de su auténtica complejidad, dado que la inmensa mayoría de la población no es científica ni está formada en ciencia, dicha mayoría pensará que la ciencia es una chorrada en la que te pones al día en cualquier momento y a la que se dedican cuatro frikis.

En anteriores episodios he escrito sobre el fundamentalismo del respeto a las opiniones ajenas como cáncer de la ciencia y la gente que cree que la ciencia es una religión como cualquier otra, para más ahondamiento en la cuestión. En la primera dije lo siguiente, que años después sigo suscribiendo:

“Una idea A es superior a otra B si A entiende a B además de descartarla. (…) La consecuencia de este criterio es clara: no puedes considerar que tu idea es superior a otra si no entiendes la otra. Esto es, resulta absurdo que alguien que no tiene ni idea de ciencia se crea con algún tipo de criterio para falsearla. Y las problemáticas están claras también: si tú entiendes la idea de otra persona y eres capaz de descartarla, a)¿cómo le convences de que la entiendes?, b) ¿cómo estás seguro de que la entiendes y que tu ignorancia no te está llevando a sobreestimarte? No tengo clara la solución a este problema. Ni siquiera creo que exista una solución al mismo que conteste a estas preguntas de un modo genérico. En cualquier caso, lo importante es que en enfrentamientos magufada/ciencia, los científicos no solemos tener problema para entender las magufadas (entre otras cosas, porque suelen tener explicaciones sencillas que mienten o pecan de ingenuas en algún tramo), y al revés es obvio que los maguferos no entienden la ciencia leyéndoles, por lo que si bien según este criterio es difícil demostrar que la explicación científica es superior a la magufa a un creyente de la magufada, es directamente imposible que suceda al revés.”

Se da un hecho innegable: a quien le guste pensar sobre cosas, va a pensar sobre ellas, tenga un título sobre el tema en cuestión o no. Y debido a lo comentado, si esta gente no es consciente de sus sesgos podría equivocarse y pensar que tiene razón.

En casi 7 añazos llevando este blog no son pocas las personas que me han escrito pidiéndome su opinión sobre sus teorías. A priori no me parece reprobable: yo también discurría cosas en su momento. El único problema es, no teniendo formación, creerte que estás partiendo la pana e intentar vender ese cuento a los demás. Las cosas que pensaba sobre física que me parecían ultra relevantes, vistas en retrospectiva, se pueden clasificar en tres grupos:

  • Metafísica: Cosas que puede que sean ciertas o puede que no, pero en todo caso son irrelevantes porque no afectarían a nada en absoluto. Por ejemplo, creer que convivimos con varios universos paralelos y no tenemos contacto con los otros.
  • Errores: Cosas que parecen coherentes desde el desconocimiento, pero que conociendo el modelo con seriedad se derrumban solas. Por ejemplo, creer que la existencia de seres orgánicos va en contra de la segunda ley de la termodinámica, ya que aumenta el orden.
  • Chorradas: Cosas que tras ser planteadas uno se cree que está descubriendo América, y finalmente resulta que solo se ha llegado a una conclusión de sobra conocida por la gente formada. Por ejemplo, creer que darse cuenta de que el Big Bang y un agujero negro tienen bastantes cosas en común es algo innovador.

Veamos casos de todo esto, sin centrarnos en el tema de esta entrada, que he visto a otras personas, además de esos que me sucedieron a mí:

  • Metafísica: Hace años un chaval me escribió diciéndome que él pensaba en el universo como un fluido abstracto del que no podíamos percibir nada salvo interacciones internas y que creía que era un modelo válido, porque podía reproducir toda la física conocida. Quería que le hiciese las cuentas yo, porque reconocía que a él las matemáticas no se le daban. Esta propuesta, dado que no aportaba absolutamente nada nuevo y requería de la existencia de algo no necesario, entraría en la metafísica.
  • Errores: La teoría de la Tierra Hueca, criticada en su propia entrada por separado. Todo un hit de este blog.
  • Chorradas: Hace años también, otro chaval me escribió para decirme que había escrito una nueva teoría de la relatividad especial basada en usar polinomios en serie de Taylor. Esto no es hacer una teoría nueva, es hacer las cuentas de otra forma. Y ni siquiera una forma original.

Darse cuenta de estas cosas una vez tras otra constituye lo que podríamos denominar la humildad de la ciencia: encontrar lo ignorante que es uno en medio del aprendizaje. Y, de hecho, esto también lo explica el efecto Dunning-Kruger: cuando una persona adquiere una serie de competencias que antes no tenía puede estar dispuesta a reconocer su ignorancia previa.

Por supuesto, habrá quienes digan “los científicos de humildes tienen poco”. Esto no deja de ser separar conceptos. La gente confunde humildad con tolerancia a las memeces, pero lo primero es un error por lo mencionado en la entrada sobre fundamentalismo del respeto. Leñe, me estoy repitiendo. Los años pasan factura xD

No me enrollo más: vayamos al grano.

Einstein como atractor de producción independiente:

Sabiendo todo esto, pongámonos en la piel de un narcisista que opina que él es lo más, pero nunca ha hecho nada de lo que jactarse, así que se fija en Einstein y dice “Ojalá la gente supiese que soy tan listo o más que este tipo”, y supongamos además que eventualmente le da por leer su teoría de la relatividad.

Entender bien dicha teoría no es ninguna broma. Hace años escribí también una entrada sobre algunas de las trampas por las que hay que pasar mientras se avanza en su comprensión sobre cómo sembrar la duda sobre lo que uno cree saber a partir de la divulgación.

Y dado que la relatividad es una teoría complicada de entender, pero que sin embargo no impide en general a quienes la conocen por encima creer que la entienden, es carne de cañón para que el sujeto descrito se anime a reflexionar sobre sus conceptos precarios, llegue a metafísica, errores o chorradas, y se anime a publicarlo por ahí  y a cantar a los cuatro vientos que ha desmentido a Einstein.

Veamos algunos ejemplos de individuos de este tipo.

Magufo tipo 1: el “Si cuela cuela y si no me la pela”.

Hace tiempo vi una viñeta muy buena sobre discutir con fanáticos en la que se decía que discutir con uno era como jugar al ajedrez con una paloma: eventualmente se pondrá a aletear, tirará todas las piezas, se cagará en el tablero y se marchará volando para contar a sus amigos que ha ganado.

Este primer tipo de magufos serían los que no teniendo absolutamente idea de lo que hablan, dicen que la teoría de Einstein está mal por lo primero que se les ocurre a ver si con suerte su interlocutor sabe menos que él y queda bien.

Supongo que tendréis la suerte de no conocer por el nombre a esta Marta Eugenia Rodríguez de la Torre. Tal vez si os digo que salió en un anuncio de Aquabona diciendo ser la mujer más inteligente de España os suene más:

A esta mujer se la descubrió como fraude en el año 2012 gracias a los periodistas de Lainformación en este documental:

Vayamos a lo importante. A partir del minuto 8 y medio, cuando cuestionan su inteligencia, dice que ella es claramente superdotada porque en su momento desmintió la teoría de la relatividad, con lo que es más lista que Einstein. Obviando la falacia non sequitur entre descubrir que alguien se ha equivocado y ser más inteligente que ese alguien, veamos cómo explica tal logro del que ninguno nos enteramos.

Resulta que en un periódico dijeron que otros habían dicho que ella había desmentido la teoría de Einstein. ¿Sabéis, no? Como cuando un primo te cuenta que un amigo le dijo a una tía… El periódico existe y el congreso mencionado seguramente existiría también. Queda en duda la credibilidad de al menos una de las cosas.

Cuando le preguntan qué dijo exactamente para desmentir la teoría contesta lo siguiente:

“Dije que en el horizonte de singularidad la energía es igual a la masa, pero sin multiplicar por la aceleración al cuadrado”

Marta Eugenia Rodríguez de la Torre

Por favor, dadle un sentido aplauso virtual.

Marta pretendió hacer una relación que sonase pedante entre los agujeros negros y la fórmula relativista de E=mc2. Solo tuvo un pequeño fallo, esa fórmula es cierta siempre y c no es la aceleración de la luz sino su velocidad. Es como si yo digo que la teoría de Newton está mal porque la fuerza es igual a la masa por la acleración, pero sin sumar el número de veces que he comido una hamburguesa en el último mes. La luz además no se acelera.

Alguno podrá darle un voto de confianza y pensar que ella sabía lo que decía y solo se equivocó al decirlo. Pero nada más lejos de la realidad. Si damos eso por bueno, entonces las unidades no coinciden. Es sorprendente la facilidad con la que se puede detectar gente que no sabe de lo que habla analizando las unidades de las ecuaciones que plantean.

En resumen: “quiero que todo el mundo sepa lo listo que soy” -> “la gente dice que Einstein era listo” -> “me tiro el farol de que desmentí a Einstein”

Magufo tipo 2: el “Tengo demasiada mierda en la cabeza como para poderla juntar con ciencia”

Este tipo serían los que hasta cierto punto se han enterado de qué va el tema, pero después lo juntan con otros cacaos mentales que tienen y sale basura intelectual en cantidades industriales.

Cabe destacar dentro de este grupo a la leyenda en según qué partes de la red Jolimu, un creacionista que lleva años intentando desmentir toda la ciencia, entre ella la teoría de la relatividad, siguiendo las enseñanzas de la Biblia. Un cristofriki prototipo con afán de hacerse pasar por racional.

Pues bien, este hombre, tal y como resumí aquí de coña, dijo en esta entrada del blog “No me hagas pensar” que la teoría de la relatividad especial, que sugiere que la información no se puede propagar más rápido que la luz, es incorrecta porque las imágenes se propagan más rápido que la luz.

Sí, habéis leído bien. Su contraargumento pasa por separar los conceptos de luz y de imagen, argumentando que las imágenes de las cosas llegan a nuestros ojos de forma directa a través de Jesús.

Este hombre presuntamente ha leído la relatividad sin saber que si vemos las cosas es porque recibimos la luz que reflejan. Este hombre se piensa que vemos por arte de magia. Pero eso no le impide tener un blog donde critica las teorías científicas, según él con rigor. Además argumenta siempre que trabajó con científicos muchas veces y sabe de lo que habla.

En resumen: “quiero que todo el mundo sepa lo listo que soy y que mis preconcepciones son ciertas” -> “los que no creen en lo mismo que yo tienen estima a Einstein” -> “combino lo de Einstein con mis creencias para desmentirlo como cuadre, haciendo evidente mi ignorancia”.

Magufo tipo 3: el “Seguro que lo que sé es suficiente”

Llegamos al tipo más sangrante. La gente que ha leído sobre relatividad, ha entendido algo, ha malentendido otras cosas, y decide que para arreglar las incoherencias en vez de aprender más lo que tiene que hacer es ponerse inmediatamente a hacer su propia teoría con lo puesto.

Tenemos el ejemplo paradigmático de la web Molwick, a cargo de la supuesta María José Tiberius Molina, que en realidad es un hombre y se llama José Molina. Entiendo que le da vergüenza que se asocie su obra con su nombre real. Que en realidad es un hombre lo sé por dos cosas: es fácil ver en Google artículos de cuando no usaba seudónimo firmando las mismas cosas y lo conozco en persona.

Este sujeto, como él mismo explica, escuchó hablar de la relatividad, dedujo que tenía que ser falsa, leyó algo y con lo poco que leyó dedujo que podía hacer una teoría “nueva”. Por supuesto, cayendo en metafísica, errores y chorradas en su totalidad. Eso no le ha impedido escribir varios libros explicándola disponibles en su web y decir que ha corregido a Einstein. Nada más lejos de la verdad, como veremos.

  • Metafísica.

Molina dice que la dilatación del tiempo es falsa porque lo que pasa es que todos los relojes físicos se ven alterados por las fuerzas a las que están sometidos. Consecuentemente, dado que el reloj funciona de forma diferente en un sitio con gravedad y en otro sin ella, las predicciones de la relatividad son falsas: no es que el tiempo se dilate, es que el reloj funciona diferente.

Lo cierto es que vivimos en un mundo en el que el tiempo lo medimos con relojes, con pulsos cardiacos, con ciclos solares… Así que que todos nuestros relojes den un tiempo diferente es suficiente para decir que el tiempo se dilata. ¿Con qué autoridad digo que el tiempo real es el mismo si hasta mis ciclos vitales siguen otro ritmo? ¿Qué necesidad hay?

Uno puede pensar que sigue habiendo un tiempo absoluto detrás que se corresponde con el que se mide cuando no hay gravedad, pero no sirve para absolutamente nada ni es verificable, de modo que es metafísica.

  • Errores.

Pongamos por caso que un observador se mueve y delante y detrás de él pasa algo simultáneamente respecto a quien lo ve moverse. La relatividad especial dice que debido a la velocidad de este observador, lo que para otro es simultáneo para él no es, viendo antes el suceso de delante que el suceso de atrás. Esto es debido a la dilatación cinética del tiempo.

Molina dice que la relatividad especial está mal y que el observador en movimiento es un ignorante que no está teniendo en cuenta el tiempo que tarda en llegarle la luz desde cada uno de ambos lugares. Si se tiene esto en cuenta, obviamente el suceso al que se dirige le llega con anterioridad.

Desconoce Molina, y lo deja constante con esto, la diferencia entre ejemplo divulgativo y teoría. Cuando en física se habla de un observador, representarlo como una persona es muy útil, pero el observador es un sistema de coordenadas no asignado a ningún punto. Mide todo en todas partes instantáneamente.

Las predicciones de la relatividad especial son correctas e independientes de lo que él comenta. Cuando decimos que una partícula es más pequeña en la dirección en la que se mueve no lo decimos porque sea lo que vemos en ese momento: es que tenemos aparatos que lo han medido así que revisamos después.

Nuestro observador no puntual está por tanto salvado, al ser llamado ignorante por un ignorante. Menos por menos, más.

  • Chorradas.

Molina asegura que la teoría de la relatividad general en su totalidad se puede sustituir por su teoría de la equivalencia global, en la cual no hay curvatura del espacio-tiempo. Desconoce por tanto el concepto de la relatividad general en su conjunto, así como el de isomorfismo matemático.

Supongamos que tenemos un tiovivo en el que todo se mueve haciendo círculos. Uno puede usar los conceptos de la ESO y decir que ahí hay un movimiento circular uniforme con una aceleración centrípeta hacia dentro, y a partir de ahí calcular todo.

Sin salirnos de la mecánica clásica, podemos rehacer el  problema diciendo que el espacio es curvo y que para los objetos en el tiovivo las líneas rectas son circunferencias, y que por tanto se mueven circularmente siguiendo lo que es una línea recta en realidad. La complejidad de las cuentas se traslada al cálculo de la forma de una línea recta.

Hago notar que los dos enfoques de los párrafos anteriores no son excluyentes, sino isomorfos. Uno puede usar siempre ambos y llegará a las mismas conclusiones. Es una cuestión de gustos.

Lo que Einstein hizo en la teoría de la relatividad general fue plantear todo desde el segundo punto de vista, añadiendo la posibilidad de distorsionar las líneas de tiempo. Esto es equivalente a decir que aparecen fuerzas temporales en la mecánica usual sin necesidad de curvar el tiempo ni el espacio. No hay ninguna diferencia cualitativa. Solo de enfoque.

Es igualmente absurdo que quien trabaja con fuerzas diga que la curvatura es falsa como que quien trabaja con curvatura diga que las fuerzas lo son. Son enfoques matemáticos.

Pues bien, la teoría de equivalencia global de Molina consiste en hacer todas las cuentas con el enfoque de fuerzas. Solo que con sus santos huevos dice que eso desmiente que la relatividad general sea cierta. Se ahoga en un vaso de agua por ignorante. Ha dedicado horas y horas de pensar en cómo complicarse la vida para llegar a una conclusión que cualquier estudiante de física puede entender como una curiosidad de una línea: “toda la relatividad se puede escribir sin usar términos geométricos”.

Por supuesto, él piensa que ha desmentido a Einstein llegando a lo mismo que él de una forma menos elegante matemáticamente, y así lo da a conocer. Para partirse.

Conste que el error de pensar que fuerzas y geometría no son equivalentes es una fallo que tienen hasta en la Wikipedia en castellano.

En resumen: “quiero que todo el mundo sepa lo listo que soy” -> “me leo la relatividad hasta donde me sale de los huevos” -> “entiendo todo tiempo después y me creo que por hacer las cuentas de otra forma digo algo diferente”

Conocí a José Molina hace años, siendo estudiante, y me dijo que debería leerle para aprender las verdades que no enseñan en la facultad. Le contesté esto y no pude estar más acertado:

El problema de hablar de ciencia desde fuera es que se tiende mucho a forzar implicaciones y/o ignorar cosas más completas y detalladas que las que uno propone. Lo sé de 1ª mano porque yo lo he hecho y llevo años discutiendo con gente que lo hace. Si algo tiene sentido los físicos ya lo consideran, motivo por el que cualquier teoría seria no tiene, en principio, que quedarse fuera. Quiero decir con esto que probablemente haya trabajo y sepas de lo que hablas, pero lo más probable es que en algún sitio metas la gamba y leer producciones independientes hace tiempo que lo dejé de hacer. En cualquier caso, gracias por el interés.

Si tuviese algo de la humildad que comentaba en el primer apartado en esta entrada y se hubiese dedicado a aprender en vez de a “corregir” podría evitarse hacer el ridículo.

Anexo: magufos cristofrikis.

Al margen de esto, hay otra cosa que quería aprovechar para comentar sobre los pensamientos religiosos de Einstein.

Desde hace mucho tiempo leo con frecuencia a creyentes aseverar que Einstein era creyente en el dios católico. Escuchar lo escucho poco, así que algo estaré haciendo bien.

En el quasi-eterno debate religión/ciencia, ciertamente que un católico argumente que el científico más famoso del siglo XX creía en su dios parece, desde luego, un argumento muy potente. Si Einstein creía en dios, dicen, y fue el hombre más inteligente del siglo XX, los científicos ateos son más tontos que él.

Hago notar que incluso el tipo de gente que en una conversación normal diría que la comprensión de Dios no está al alcance de la mente humana, en este caso puede estar dispuesta a decir que seguro que Einstein era tan listo que él sabía sin dudas que Dios existe.

Einstein es, en suma, un estandarte de muchos fanáticos católicos a lo largo y ancho de, al menos, la red.

Sucede, sin embargo, que Einstein no era creyente. Y no lo digo yo, lo dijo él mismo:

“Eso, por supuesto, una mentira sobre mis convicciones religiosas. Una mentira que está siendo sistemáticamente repetida. Yo no creo en un dios personal y no solo no lo he negado sino que lo he expresado claramente. Si hay algo en mí que pueda considerarse religioso es la gran admiración por la estructura de nuestro universo tal y como la ciencia lo revela.”

Esta frase da absolutamente igual a los arriba mencionados. Algunos me consta que la conocen y aún así repiten como si les fuese la vida en ello que Einstein creía en su dios. Pese a que fuese judío.

¿Cómo se ha llegado a esto? Pues porque Einstein frecuentemente, como tantos otros entre los que me incluyo, usaba frases que invocaban a Dios. En concreto solía referirse a este para nombrar al orden del cosmos. Mas no se refería entonces ni en sentido metafórico al dios católico, sino al dios panteísta.

Me inquieta este tema porque parece evidenciar que da igual lo que uno diga durante su vida, que la gente en el futuro se reinventará lo que querías decir como más le convenga. Seguro que si dentro de 100 años Richard Dawkins es un personaje histórico relevante, algún gañán habrá que dirá que era religioso porque en alguna ocasión mentó a Dios. Y cuando otra gente le indique que escribió “El espejismo de Dios” se fumará un puro con ese dato.

No sé. Yo no necesito mentir e inventarme que Newton era ateo para seguir siéndolo. No necesito manipular datos que sé que son falsos y distorsionarlos para que me den la razón. Y una mentira repetida mil veces puede que llegue a ser “verdad”, y distorsionar la historia a conveniencia.

En resumen resumidísimo:

Einstein ha sido una figura muy relevante. Parece que por ello está condenado a que se diga cualquier chorrada sobre él y sus cosas. Los charlatanes le detestan porque querrían que se hablase de ellos como se habla de él. Sin embargo, parece que lo aman también bastante porque todos se acaban fijando en él.

Comments
3 Responses to “Charlatanes y Einstein: una relación de amor-odio.”
  1. Angel García dice:

    Saludos,

    No pierdas el tiempo con el papanatas del Molina o la Molina. Es un “gaiteiro” más.

    Me cuesta mucho entender tus ecuaciones en la formulación tensorial, pero la culpa es mía por no haber estudiado más …

    Ahora estoy leyendo el libro que te envío como fichero adjunto.

    Se asimila bien; es la entropía desde el punto de vista de la Información, donde el maestro Boltzmann aparece como el padre inspirador de la obra.

  2. anxova dice:

    Es un placer leerte otra vez. Es muy curioso el asunto de los sesgos cognitivos y cómo efectivamente cuando uno no sabe tanto cree saber más que cuando llega a saber más realmente. En mi caso es algo que a mi pesar no dejo de experimentar cada cierto tiempo, sobre todo en el área artística, que es mi campo. Y ya uno intenta ser humilde, pero pese a todo sigue cayendo en los sesgos aunque lo disimule con cierta discreción preventiva.

    La ciencia es para mí un campo inspirador, la belleza que nos brinda la ciencia me parece infinitamente mayor que esa sosez de atribuír cada una de las maravillas naturales a un dios padre, a una leyenda, a un mito. Por ejemplo: la enormidad del Cosmos, la variedad de los cuerpos celestes, desde cuásares a agujeros negros supermasivos o enanas blancas, llegando hasta los cometas y asteroides, supera mucho en grandiosidad, antigüedad, extrañeza y poder evocador a una simple esfera fija llena de puntitos brillantes. ¿Qué tiene de maravillosa la famosa “Tierra Hueca”, aún llena de hombrecitos intraterrestres, comparada con la tumultuosa y atronadora naturaleza del interior planetario? Cabalgamos una bestia candente que pese a todo se mantiene estable y el punto de equilibrio tanto interior como cósmico que permiten la vida en la Tierra debería hacernos sentir maravillados de poder seguir existiendo. Lo que yo siento por la ciencia es fascinación, respeto y gratitud. Creo que es una de las creaciones positivas del ser humano, y el menosprecio hacia ella me parece una triste demostración de hasta qué punto nuestro futuro pende de un hilo.

Preguntas, correcciones y debate son bien recibidos.

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