Sobre cómo empezar a abordar matemáticamente la felicidad

Mucho se ha escrito a lo largo de la historia sobre la felicidad. A lo largo de los siglos ha sido uno de los temas cruciales de la filosofía universal, y posiblemente seguirá siéndolo mientras intentemos comprenderla de un modo que nos permita controlarla, pero, ¿llegará ese día? ¿Podemos acaso definirla? ¿Tiene esto algo que ver con la ciencia?

Son muchas las frases que se han escuchado sobre ella con mayor o menor éxito, y no parece que todas sean consistentes: “la felicidad es ayudar a quiénes lo necesitan”; “la felicidad es tener dinero, salud y amor”; “la felicidad es creer que uno está haciendo lo correcto”; “la felicidad es no tener problemas”… ¿De cuáles de estas frases podemos fiarnos? ¿Podemos descartar alguna de ellas, estando seguros de que no se adaptan a ninguna persona?

En esta entrada intentaré acercarme un poco a estas cuestiones.

La felicidad como función de estado. Felicidad Ideal:

Yo nunca me había planteado pensar en las cosas que escribiré aquí hasta que leí por ahí una pregunta de broma que echó mi imaginación a volar: ¿es la felicidad una función de estado o de proceso? Esta cuestión, que comento que fue realizada por un alumno aburrido preparando su examen de termodinámica, es bastante profunda.

Si la felicidad fuese una función de estado, eso implicaría que dependería exclusivamente de un conjunto de variables. Por ejemplo, si alguien dice que la felicidad es salud, dinero y amor, podemos decir que la felicidad es para esa persona una función de estado, ya que si estos tres parámetros permanecen constantes supone que la felicidad también lo hará. Consideraré a este enfoque felicidad ideal (F.I.):

, siendo d el dinero, s la salud, y a el amor.

Por supuesto, esto supondría que pudiésemos medir la felicidad con algún sistema de unidades, lo cual parece absurdo. Nadie se imagina en un futuro diciendo “tengo una felicidad de 3,58 f” (unidades inventadas de felicidad). Mucho menos nos imaginamos a alguien contestándole “¡qué suerte, yo estoy en una mala racha y sólo tengo 49 mf!”. Pudiera ser que alguien consiguiese medir la felicidad en algún momento, pero aunque nunca se diera el caso el planteamiento de esta entrada seguiría siendo correcto, ya que para medir algo no son necesarias las unidades. Aunque no tenga ningún número asociado a mi felicidad, en muchas ocasiones puedo saber si es mayor o menor que en otro momento anterior, o si es mayor o menor que la de otra persona.

Por supuesto, conocer la función que relaciona la felicidad con sus variables sería demasiado utópico. A lo sumo, con suerte, podemos atrevernos a decir más o menos cómo varía con ellas. En el caso de la F.I., por ejemplo, podríamos asegurar que la variación de felicidad aumenta con cualquiera de sus 3 variables.

  • Si una persona tiene más dinero, puede suponerse que será más feliz, aunque a medida que su capital aumenta necesitará ganar mucho más dinero para que el incremento de felicidad sea apreciable.
  • Si una persona tiene más salud, también será más feliz, pero esta diferencia tan sólo será relevante cuando se pase de un caso de extrema enfermedad.
  • Si una persona tiene más amor, en general es más felíz, y además de una forma independiente de lo que suceda con las otras 2 variables.

Todo esto nos permite dar la la F.I. una forma matemática parecida a esta que se me ocurrió a mi:

Si se eligiese un sistema de unidades adecuado, se podrá dar a la felicidad un valor negativo cuando la salud o el amor fuesen muy bajos, neutro cuando no hubiese dinero, especial salud o el amor fuese indiferente, y alto cuando cualquiera de las 3 se disparase. Además, esta ecuación nos garantiza que la variación de felicidad crece con las 3 variables, aunque la variación con cada una de ellas es distinta:

Cabe destacar también que estas 3 variables serían mucho más fáciles de medir que la felicidad en sí misma, empezando por el dinero que hoy por hoy ya es medible.

Sin embargo, pese a que las cosas parezcan encajar, el modelo de la F.I. no debería de convencer ni satisfacer a nadie. Aún asumiendo que la felicidad fuese una función de estado, estas 3 variables simplemente serían representativas, pero no las únicas necesarias. ¿No debería nuestra felicidad depender también de nuestras acciones, del amor que podemos dar a parte del que recibimos, de las perspectivas de futuro…?

Variables de la felicidad:

Si asumimos la F.I., 2 personas con la misma salud, dinero y amor tendrían la misma felicidad, y sin embargo sabemos que no es así. Podemos tener 2 personas ricas y queridas con buena salud, una de ellas de vaciones en alguno de sus lugares favoritos y la otra a punto de ser disparada tras caer presa de una banda terrorista. ¿Tienen la misma felicidad? Es evidente que no. Una función de estado para la felicidad debería depender de muchas más de 3 variables. De hecho, para generalizar, diremos que la felicidad es una función de N variables, que cada uno puede intentar buscar por su cuenta. Es importante tener en cuenta a la hora de buscarlas que si una la podemos obtener a partir de las otras es “linealmente dependiente” y no debemos incluirla. Por ejemplo, si yo tuviese el modelo de la F.I. y estuviese seguro de que el amor recibido depende exclusivamente del dinero, en realidad la F.I. dependería sólo de 2 variables, ya que la 3ª se puede calcular con una de ellas. En resumen, una función de estado de la felidad dependerá de N variables que denotaremos por x:

Personalmente, no creo que sea posible obtener ningún modelo razonable para una función de estado de la felicidad con menos de 100 variables, que representarían los grados de libertad de la misma. Dicho de otra forma, considero que la felicidad tiene tantos grados de libertad que aunque fuese posible expresarla como una función de estado no creo que nunca nadie sea capaz a dar con una absequible. De hecho, yo mismo desistí de intentar numerar un conjunto razonable de variables con las que describirla aunque fuera un poco.

No obstante, hay una cosa muy relevante que estoy asumiendo aquí y lo hago a consciencia: las variables de las que depende la felicidad deberían ser las mismas para todas las personas. El hecho de que haya variables que afecten más a unas personas que a otras no debería, según este modelo, deberse a que sus funciones de estado sean distintas, sino a que las otras variables que toman parte les resten o den más importancia a través de su relación en la ecuación.

Descartando la función de estado:

Vista la dificultad de obtener una función de estado para la felicidad, nos topamos con un problema mucho mayor que encontrar las variables de las que depende: ¡todo apunta a que en realidad no es una función de estado!

Como ya hemos dicho, si la felicidad es una función de estado, al mantener sus variables constantes, la felicidad debería ser constante también. En cambio, todos sabemos por experiencia que si en un momento dado hacemos/tenemos/vemos… algo que nos hace felices, esa felicidad con el paso del tiempo decae sola, aunque estemos haciendo lo mismo. No existe algo parecido a un equilibrio para la felicidad, lo que inhabilita el uso de una función para describirla.

Podría considerarse introducir la variable novedad en la función, de modo que cuando algo fuese novedoso la felicidad aportada por ese algo se intensificase, y que a medida que nos acostumbramos a ese algo, es decir, a medida que la novedad decae, también lo haría la felicidad. Lamentablemente, tal y como yo lo veo, aquí la novedad no estaría afectando a la felicidad en sí, sino a su variación  con el tiempo. Es la derivada temporal de la felicidad, y no esta, lo que podría considerarse con más sentido una función de estado a partir de aquí. Ilustrativamente:

Y con esto podemos volver a hacernos la misma pregunta: si mantenemos todas estas variables constantes, ¿la velocidad con la que varía la felicidad es constante y alcanza un equilibrio? No parece tan arriesgado como en el paso anterior pensar que sí. Y si aceptamos esto como un principio de algo parecido a una teoría, la novedad de un suceso actuaría como catalizador de la felicidad que produce el mismo. Por ejemplo, la variación de felicidad es mucho más brusca si de repente te dicen que ya te puedes jubilar que si lo sabes desde que comienzas a trabajar. Análogamente, la variación de felicidad (en este caso negativa) es mucho más brusca si de repente pierdes un brazo que si lo vas perdiendo poco a poco.

En caso de que las variables de estado cambien poco a poco, de una forma continuada en el tiempo, podemos calcular la variación de felicidad en el tiempo a través de la ecuación integral:

Aunque pueda parecer una obviedad de ecuación, hay que recordar que lo que estamos analizando aquí es qué sucede si la variación temporal de la felicidad es una función de estado, con el fin de darle una forma matemática sencilla al asunto.

En caso de que las variables de estado no varíen continuamente y lo hagan a saltos en general habrá cambios bruscos en la variación de la felicidad que sólo son integrables durante intervalos de tiempo muy pequeños. Un claro ejemplo de esto sería cuando paseando por la calle veo a la gente en un bar mirando el partido de fútbol, e instantáneamente todos se levantan y se ponen a celebrar un gol. Aquí ha habido un cambio brusco de una de sus variables de estado, pongamos por caso la tensión, y eso les ha disparado positivamente la variación de felicidad. Asimismo, a medida que la novedad del gol decae, su felicidad deja de crecer tan rápidamente. Suponiendo que no interfieran representativamente más variables en el suceso, la felicidad total habrá crecido para todos ellos sin duda. En caso de que el gol que vieron fuese una falsa alarma, tendríamos también un cambio brusco negativo en la variación de felicidad, que combinado con el anterior, podría dejarles finalmente con más, menos o la misma felicidad que al principio, según las variables de estado de cada espectador.

En resumen, la variación de felicidad en un proceso depende de cómo haya sido este: es una función del proceso. Si paso de tener 0 € a tener 1000 € mi variación de felicidad no será la misma si me los encontré tirados en el monte que si he robado una tienda para conseguirlos (espero que para la mayoría haya una mayor variación en el primer caso). La teoría de la F.I. cae por su propio peso. Creer en ella supondría creer que el fin justifica los medios.

Felicidad para una persona:

Supongamos ahora que tenemos una persona que quiere ser lo más feliz posible. En general todos nos sentiremos tentados a buscar las variables de estado que maximicen la variación de felicidad de esa persona. Sin embargo, debido a que la novedad decae, un conjunto de variables que de una gran felicidad en un momento dado lo hará cada vez menos si ninguna de ellas cambia. A la gente, por lo general, la rutina le aburre. Incluso, por muy buenas variables de estado de las que se disponga, la falta de novedad puede hacer que la variación de felicidad sea negativa.

Esto tiene una clara implicación: la máxima felicidad no se obtiene a través de un estado estacionario, sino con una serie de transformaciones de sus variables optimizada. A veces necesitamos estar enfermos para disfrutar la salud, a veces necesitamos quedarnos dormidos y perder un tren importante para disfrutar de ratos sin nada que hacer que normalmente están ocupados…

La máxima felicidad se obtiene, pues, analizando cómo deberían variar en el tiempo todas las variables de estado, fundamentalmente la novedad por ser la que más intensifica el efecto.

Felicidad para varias personas:

Por último, la cosa se complica mucho si en lugar de una persona tenemos un conjunto de ellas que tienen que convivir.

Si nos proponemos como objetivo maximizar la felicidad de toda la humanidad, no de forma que la suma de sus felicidades sean lo más grandes posibles, sino de forma que cada uno sea lo más feliz posible, vemos que en la mayoría de los casos el hecho de que alguien aumente su felicidad (porque haya conseguido un trabajo) implica una disminución en la felicidad de otras personas (que se han quedado sin ese puesto de trabajo).  Estos fenómenos de inducción de felicidad entre personas son tan complejos que sólo una gran mente (desde luego no la mía) podría dar con un sistema que los compense todos. Por mencionar algunos de los problemas más importantes de los fenómenos inductivos y que se deben tener en cuenta:

  • Cuando alguien es más feliz, la envidia hace que muchas otras personas de su alrededor lo sean menos y se esfuercen en reducir la felicidad de dicha persona. Ser más feliz que el entorno, según el grado de envidia del mismo, puede ser contraproducente.
  • La felicidad parece crecer más rápido viendo la infelicidad del vecino que mejorando las variables de estado propias.
  • Existen personas, de hecho, cuya única fuente de felicidad es la infelicidad ajena.

Hace tiempo, discutiendo sobre la frase “eres más malo que robarle un caramelo a un niño”, alguien argumentaba que eso no tiene por qué ser esencialmente malo. La persona que se lo roba, según su grado de crueldad, obtiene una gran dosis de felicidad, y el niño en cambio, aunque pierde algo de felicidad en el momento concreto, no tarda en pasársele la tristeza por el caramelo. Así pues, no es muy arriesgado decir que la felicidad total de la humanidad (la de uno más la del otro) ha aumentado. De un suceso esencialmente malo obtenemos más felicidad de la que había al principio. ¿Podemos definir entonces malo como aquéllo que crea infelicidad en al menos un individuo? ¿Acaso no serían entonces todos los sucesos malos, ya que en general todas nuestras acciones repercuten negativamente sobre alguien? ¿Dónde se establece la frontera entre lo que es malo y no lo es?

Todo lo mencionado hace de la posible existencia de una teoría de optimización de felicidades un proyecto súper ambicioso, quizás lógicamente abandonado por la sociedad, pero que no por ello deja de ser interesante. Ahora bien, para concluir esta entrada, lanzo unas preguntas al aire: ¿existirá tan sólo una forma de maximizar la felicidad de cada persona a la vez?; ¿se llegarán a diferenciar unas formas mucho de las otras?; y la más interesante, ¿maximiza ya la sociedad actual la felicidad, dado que parece haber algo parecido a un equilibrio entre todos los fenómenos inductivos? Si asumimos que los cambios en la sociedad se deben a una optimización de felicidad (cosa que da lugar a un intenso debate en el que no tengo claro dónde posicionarme), quizás nunca sea necesario plantear con más detalle algo como lo comentado en esta entrada.

Según lo que suceda con esta entrada, igual comento algunas ideas más concretas sobre el tema.

¡Saludos a todos!

Comments
5 Responses to “Sobre cómo empezar a abordar matemáticamente la felicidad”
  1. Spike dice:

    Me ha gustado mucho la idea de intentar abordar de forma matemática la felicidad, aunque como se puede ver se trata de algo muy subjetivo y por lo tanto difícil de “matematizar”. No obstante, creo que en los años venideros cuando los progresos sobre el entendimiento de cómo funciona el celebro hayan avanzado suficiente todo esto tendrá más sentido y se podrá analizar mucho mejor, así que gracias por tu aportación XD

  2. Ed1974Eduardo dice:

    Muy interesante Adrián. Reflexionando un poco sobre lo que dices, me decantaría porque se pudiese medir la felicidad a través de una función ordinal que estableciese un “ranking” de la felicidad de la persona a lo largo del tiempo, en base a los diferentes inputs que formen dicha función (ya sean salud, dinero y amor, las distintas necesidades que jerarquizó Maslow, etc). Tendría que ser solo sobre la persona ya que la percepción de la felicidad es personal e intransferible. También la función (ordinal) marginal de la felicidad sería claramente decreciente.
    Repito, muy interesante.

  3. deusa dice:

    Muy interesante lo expuesto.. pero no podría ser que el amor, el dinero y la salud sean producto de la felicidad y no al revés?
    En cuanto a la forma de generar envidia (directamente proporcional a la infelicidad) en el entorno si tus medidas de felicidad exceden la de éste… ¿Estamos definiendo bien la felicidad? Una persona feliz, pero feliz de verdad, no con otro estado que podamos confundirlo con felicidad, genera más felicidad, la contagia.
    Está claro que esto que acabo de decir está en función de la definición que tengamos de felicidad… yo considero (por lo que he experimentado en mí y observado en otras personas), que la felicidad es la ausencia de identificación. Cuanto más identificamos nuestra existencia en algo, la felicidad está sujeta al cumplimiento de mayor cantidad de variables (ejemplo: si yo me identifico con una tribu urbana, mi “felicidad” estará sujeta a llevar determinada ropa, que mi aspecto físico se adecue a los que me rodean y que mi comportamiento vaya de acorde con el impuesto por la tribu urbana, que mis reflexiones sean en determinados campos del conocimiento (y no excedan de dicho campo)… y un largo etc. Normalmente dicho comportamiento será fruto de infelicidad, porque nunca voy a conseguir acercarme suficiente al modelo ideal). Así pues, defiendo que la felicidad solo depende de la ausencia de la identificación del yo, y por decir algo más en defensa de esta idea diré que al identificarnos con algo nos estamos juzgando o etiquetando, y todo lo que hagamos como persona y que no encaje en ese juicio será fruto de infelicidad.

    Por otra parte podría decir que de cuantas menos variables dependa la función de felicidad más fácil será su obtención, así que cuanto menos nos identifiquemos más fácil tendremos ser felices ¿no?
    (esto lo tengo claro pero no sé exponer porqué, asíque si te apetece ilustrarme… si no estás de acuerdo y contraargumentas me exprimiré yo el cerebroXD)

    “Hace tiempo, discutiendo sobre la frase “eres más malo que robarle un caramelo a un niño”, alguien argumentaba que eso no tiene por qué ser esencialmente malo. […]”

    El fin y el medio son uno, es decir, si para lograr un fin que aporte felicidad, generas infelicidad, el resultado va a estar contaminado por la infelicidad causada en el proceso de obtención. Para lograr felicidad en un fin tenemos que transitar un medio que genere felicidad (básicamente porque solo existimos en el aquí y ahora, y si no somos felices en el ahora tampoco en el futuro). No creo que obtenga felicidad la persona que ha robado el caramelo, sino más bien placer. No hay que confundir uno con otro. Aunque puede ser que yo entendiera mal el ejemplo, una persona que dice obtener felicidad con un fin cuyo medio ha generado disgusto, y es consciente de ello, esa persona en realidad está satisfaciendo un impulso interno que nace de una carencia emocional-afectiva. Uno de los principales males de la humanidad en mi opinión es que en lugar de tratar a los demás como queremos ser tratados, los tratamos con el mismo patrón de comportamiento que nos ha dañado a nosotros. Lo considero un mecanismo de defensa, volviendo al círculo lástima-importancia, en el cual como en un momento dado nos sentimos impotentes en una situación repetimos dicha situación desde la otra postura, la del dominador, porque tenemos la necesidad de demostrarnos que estamos por encima de la impotencia que sentimos (nos hemos identificado con “el débil”, y queremos cambiarlo mostrando que somos “el fuerte”).
    Es una generalización, y ello nunca es bueno, pero es lo que pienso que acontece en el caso del caramelo que se le roba al niño.

    No sé si tiene sentido, desde luego me he alejado bastante del planteamiento matemático que exponías, pero como ya sabes yo de matemáticas poco!

    • Adrián dice:

      “Muy interesante lo expuesto.. pero no podría ser que el amor, el dinero y la salud sean producto de la felicidad y no al revés?”

      Deusa, cuando tienes un gas a volumen y masa constante: ¿la presión es función de la temperatura o la temperatura es función de la presión? Ambas cosas son ciertas cuando las relacionas con una ecuación.

      “Una persona feliz, pero feliz de verdad, no con otro estado que podamos confundirlo con felicidad, genera más felicidad, la contagia.”

      Estas negando la existencia de distintos grados de felicidad, incluso negativos, y malinterpretando una frase. No dije que la gente feliz no favoreciese felicidad a su entorno, sino que su entorno se lo desfavorece a ella en la mayoría de los casos.

      “Está claro que esto que acabo de decir está en función de la definición que tengamos de felicidad… yo considero, que la felicidad es la ausencia de identificación.”

      Puedes considerar, efectivamente, que se relaciona con no estar vinculado a nada bastante, y eso podría verse reflejado en un parámetro de, por ejemplo, “libertad”. Aunque insisto, yo estoy hablando de felicidad en cualquier medida y tú estás asumiendo que sólo existe una.

      “Por otra parte podría decir que de cuantas menos variables dependa la función de felicidad más fácil será su obtención, así que cuanto menos nos identifiquemos más fácil tendremos ser felices ¿no?”

      No, la idea es que para toda la gente depende de las mismas. Tú ahí lo que estás diciendo es que, ciñéndonos a mi respuesta anterior ilustrativamente, la gente con mayor libertad tiene menos trabas para ser más feliz, y eso debe ser consecuencia de la ecuación (que tiene los mismos parámetros que para el resto). En ningún caso pertenecer a un gueto debe ser un parámetro de la ecuación, pero ello afecta a sus parámetros.

      “El fin y el medio son uno, es decir, si para lograr un fin que aporte felicidad, generas infelicidad, el resultado va a estar contaminado por la infelicidad causada en el proceso de obtención.”

      Obvias lo que dije poco después al respecto de que si somos exquisitos, todas nuestras acciones aportan infelicidad a alguien.

      “Es una generalización, y ello nunca es bueno, pero es lo que pienso que acontece en el caso del caramelo que se le roba al niño.”

      Ahí tratas algo ciertamente crucial, y es que aunque efectivamente en ese proceso se crea más felicidad, posteriormente se favorece esa actitud y, posiblemente, dificulta optimizar la felicidad global. Por eso una de las preguntas del final es si no estaremos maximizando ya la felicidad individual, cosa que respondí más adelante:

      https://estudiarfisica.wordpress.com/2012/02/19/una-lagrangiana-social-analisis-logico-de-la-sociedad/

  4. El conde del sacro imperio del Norte y Marqués del egregio ducado etrusco dice:

    ¡Oh, menesterosas almas ávidas de sapiencias de mago y adivinaciones ultraterreas, yo os recompensaré, oh mis Bienaventurados atestiguadores, con la suprema ciencia del gran hacedor de los cielos y de los abismos!

    Algunos ufanos mortales reservan sus ociosos tiempos para la busca de leyes y de razones ante todo preguntar y extrañar en exceso enigmático y retador para sus mentes pensantes. Mas yo os anuncio, en este preciso momento y ocasión, oh, mis amigables voces de intento y simulación, que la felicidad en el hombre es paja; y que la ciencia de la felicidad en la mente del hombre es paja mental. He ahí la respuesta a vuestro selecto y elitista prolegomeno patafísico. Asique a seguir elucubrando sobre la metafísica de la armonía de las esferas en el cielo estrellado, o como diría un elocuente profesor y amigo mio: ¡paja!. Es bien.

    PD.:creo que la paja es una variable bastante dominante en la felicidad de los varones, asique dejemos que elabore una humilde contribución a tan excelsa teoría para que mi estampa pase a la historia de la patafísica natural el día del pasado mañana: f(novedad, paja, pomada pal pelo, Xsub(N—3). Y en virtud del teorema de Noether podemos afirmar que existe una ley de conservación de la felicidad en torno a la corrdenada de la paja, ya que la paja es invariante bajo transformaciones conformacionales ligadas al grupo multiparamétrico Psup(3). También hay una conservación de la felicidad con respecto al suaj en las coordenadas de los niggas, conformando un grupo irrotacional de isometría, más conocido como Grupo del Marqués del santo condado etrusco en mi honor. AHA!

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