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“Me gusta pensar que estoy cambiando la forma en que se percibe la ciencia”, Javier Santaolalla. Transmitiendo la ciencia (I).

En pleno siglo XXI uno de los principales retos de la comunidad científica es, sin duda, la comunicación de su labor a la gente para prevenir que se piense que esta es inútil, desarrollar un pensamiento escéptico y evitar la proliferación de la pseudociencia y sus consecuencias, como los antivacunas o los antitransgénicos.

Afortunadamente, la red hispanohablante cada vez cuenta con una mayor cantidad de divulgadores que están consiguiendo poco a poco todos estos objetivos. Auténticos héroes de la comunicación que han demostrado ser capaces de atraer gente del mismo modo exponencial que otros “influencers” centrados en videojuegos o moda.

En esta sección, intentaré saquen a relucir las cuestiones que encuentre relevantes, no para que repitan lo que ya estén acostumbrados a decir en otros medios, sino para que comenten aquellos aspectos quizás menos conocidos de dedicarse a la atención al público de la ciencia. Espero que se me dé bien.

JavierSantaolalla

Javier Santaolalla con el logo del CERN.

Comenzamos esta sección con Javier Santaolalla, uno de los más polifacéticos divulgadores científicos de la comunidad, que ha tenido el detalle de poder sacar parte de su tiempo para contestarme algunas preguntas. Muchas gracias de nuevo.

Durante su trayectoria como divulgador ha cofundado el grupo “Big Van, científicos sobre ruedas”, ha publicado tres libros, presenta el “Telecienciario” de El Mundo y se ha hecho un hueco en Youtube con tres canales, de los cuales el más popular es Date un Voltio, aunque para mi gusto Date un Vlog no tiene nada que envidiarle. Por si eso fuese poco, está presente en todas las redes sociales e incluso saca tiempo para contestar a la gente, y seguro que algo me dejo.

Según cuenta, cuando estaba en el instituto, Javier nunca se planteó seriamente el dedicarse a la ciencia porque no le veía mayor interés a lo que aprendía en clase. Por tanto, al tener que decidir su carrera, optó por algo práctico como una ingeniería en telecomunicaciones. Sin embargo, debido a que leyó “Breve historia del tiempo” de Stephen Hawking, en lugar de trabajar como ingeniero en alguna empresa tecnológica puntera se dio cuenta de que quería ser físico. Así que se apuntó a la universidad a distancia para sacar su segunda carrera.

Un comentario frecuente al comparar físicos con ingenieros es que los físicos estamos más acostumbrados a trabajar con conceptos profundos y vacas esféricas y los ingenieros a trabajar con conceptos superficiales y vacas reales, de modo que la primera pregunta claramente tenía que intentar abordar qué percibe una persona que tiene ambos superpoderes. “Son todo generalmente tópicos y no creo que sea correcto generalizar. En cualquier caso, sea físico o ingeniero lo que más cuesta es cuando una persona no tiene hábito de trabajar en equipo”.

Tras conseguir tener dos titulaciones, logró cumplir su sueño de trabajar en el CERN. Allí CMS y Atlas son los dos detectores del LHC especializados en buscar nuevas partículas, y Javier formaba parte del equipo de CMS cuando en 2012 se anunció, tras cuatro años de actividad del nuevo acelerador, el descubrimiento del bosón de Higgs.

Estando allí, comenzó a dedicarse eventualmente a atender grupos de turistas en las instalaciones, pero a medida que pasaba el tiempo y se daba cuenta de lo bien que se lo pasaba fue dedicándose a ello con mayor frecuencia hasta que finalmente decidió dar el salto al mundo de la divulgación.

“Yo intento aportar conocimiento y motivación para público general, pero más allá de eso me gusta pensar que estoy cambiando la forma en que se percibe la ciencia. Tanto para la audiencia como para el colectivo científico esto es importante porque puede servir de puente para conectarlos”.

Pese a que esta utilidad debería estar clara, no es infrecuente encontrarse en las facultades de ciencias con personas que menosprecian la comunicación de la ciencia. Suelen escucharse quejas acerca de que la sociedad no da importancia al I+D, pero después no se ve con buenos ojos que la gente esté titulada y “pierda su tiempo” y su capacidad en divulgar y/o enseñar, en vez de centrarse en investigar. Sin embargo, estas mismas personas después se quejan de que en la enseñanza secundaria y en la prensa apenas hay nivel.

Al preguntarle acerca de cómo se tomaron sus antiguos compañeros el salto a la divulgación y si lo comprendieron, Javier dice que “No lo he hablado directamente con ellos, pero supongo que sí. Cada uno busca su camino y lo que le hace más feliz. Es cierto que muchas veces se subestima el valor de la divulgación, pero esto es algo que está cambiando”.

Y en particular uno de los errores al subestimar la divulgación suele ser el pensar que no contribuye al desarrollo de quien divulga, limitado a contar cosas básicas. Sin embargo, hay diversas cuestiones que el divulgador suele conocer mejor que el investigador, como las anécdotas históricas o el contexto en el que se fue pensando y haciendo cada cosa. Por ejemplo, Javier se encuentra actualmente realizando una serie de vídeos con biografías de científicos en las que aporta un montón de datos que no se suelen conocer. Concretamente, a mí me sorprendió verle explicar el juicio de Galileo con un nivel de profundidad muy superior al habitual de “la Iglesia era mala y le condenó”. Para preparar estos vídeos ha tenido que leer mucho y, sobre todo, interesarse en profundizar en cómo es posible que se hayan hecho cosas que en la actualidad, con todo lo que ya sabemos, parecen absurdas.

“El tiempo que dedico a cada vídeo varía mucho, desde una o dos horas de preparación para un tema que ya tenga en la cabeza, quizás porque me es muy cercano, hasta trabajo de meses. Intento preparar mucho la información y soy muy perfeccionista”. Esto se puede ver claramente en vídeos como en el que habla del vacío cuántico explicando todas las formas de percibir que está ahí presente. “Leer y prepararme es algo fundamental de mi trabajo y, además, es justo lo que más valoro: darme cuenta de que cada día aprenda algo nuevo”. Y además le gusta recalcar eso mientras explica cosas. Recientemente, en un vídeo sobre la electrolisis donde el experimento le salía mal, lejos de cortar ese tramo y editarlo para que pareciese que todo había salido bien a la primera, se molestó en explicar lo sucedido y el proceso de aprendizaje al que le llevó. Así los espectadores ven y comprenden que la ciencia es una actitud y no conocimiento caído del cielo.

Pero divulgar bien no requiere solo de saber las cosas, sino también de saber cómo transmitirlas captando la atención de quien te escucha o lee. Cuando yo he llevado a algunos amigos al CERN para que viesen las instalaciones, un comentario que me marcó fue que apenas aportaba nada con respecto a documentarse en Google. Todo lo que está puesto en el museo público tiene fotos tal cual en la red, e incluso las cosas interactivas tienen su equivalente. Así que si ya te sabes la teoría y has visto las fotos, puede resultar poco atractivo ir al lugar a ver lo mismo, sobre todo teniendo en cuenta que el acceso a los túneles está cerrado por la radiación.

Al preguntarle acerca de cómo consigue hacer que la visita al CERN sea más interesante, Javier contesta que “Intento ponerme en sus zapatos, qué es lo que quieren saber, qué es lo que les motiva, qué les interesa… y utilizar referentes comunes, lenguaje cercano y mostrarme natural. Que vean que me gusta lo que hago y que me siento feliz contándolo es parte de la magia”.

BosonHiggsCama

“El bosón de Higgs no te va a hacer la cama”, un libro que introduce a los misterios de la física moderna.

 

La forma de hacerla entretenida es controvertida. Por un lado estamos los que opinamos que suavizar el rigor es admisible si se busca enganchar y transmitir un concepto relevante, y por el otro los que opinan que la divulgación que relaja el rigor es mala divulgación. En su libro “El bosón de Higgs no te va a hacer la cama” Javier explica la teoría de los elementos griega, según la cual todo estaba hecho de agua, fuego, aire y tierra, haciendo simpáticas analogías con diversos filósofos como si fuesen entrenadores pokémon especializados en cada elemento. ¿Pero cuál es el límite?

“Supongo que en un punto intermedio. No es un todo vale donde por hacer un chiste o porque queda divertido puedas contar cualquier cosa, pero tampoco hay que ceñirse de forma estricta a la palabra meticulosa. Las analogías son necesarias y por definición todas son imperfectas. Hay que hacer concesiones pero sin perder la base científica. Supongo que el límite está en el propio sentido común”.

Otra cuestión importante, particularmente en los últimos años, es si se llega a más gente a través de los libros o a través de Youtube. El canal de Javier es uno de los más recomendados en entornos científicos, yo mismo lo descubrí en Naukas, y sus libros son muy fáciles de encontrar llamándote desde las estanterías de divulgación científica. Pero parece que por ahora, en su caso, gana Youtube. “Supongo que depende del libro y del canal. Hay escritores que venden cientos de miles de copias y canales que siguen cientos de miles de personas. En mi caso me sigue más gente en Youtube”. Y seguramente esa será la tendencia, porque una rápida revisión en Wikipedia indica que un clásico como “Breve historia del tiempo” ha vendido en treinta años menos de diez millones de copias, tan solo diez veces más que la cantidad de suscriptores de su canal, pero en un plazo de tiempo diez veces mayor.

Esto hace de Youtube también el principal punto de batalla contra las pseudociencias entre el público joven. En una plataforma donde emergen cada vez más canales anticientíficos, como los negacionistas del “alunizaje” y defensores de las pseudoterapias naturales, es bueno que el otro punto de vista, el de la ciencia, también tenga su presencia. Hace unos meses Javier ha llegado a verse obligado a desmentir el modelo de la Tierra plana colaborando con un compañero en el hemisferio sur para comparar cómo se observa la rotación del cielo nocturno con respecto al norte. También ha tenido que explicar que Tesla no fue un hombre tan milagroso como diversos medios mal informados dan a entender a veces. No deja de hacerse rara esta versatilidad con la que uno puede pasar de hacer un vídeo sobre la ecuación de Schrödinger a hacer otro explicando cosas que hasta sabían los antiguos griegos.

Quizás el momento más tenso ha sido hace un par de meses, cuando el canal Mundo Desconocido hizo un “análisis” del panorama científico actual indicando que los lobbies y la falsificación de datos hacían de la ciencia algo poco fiable. Aunque este canal de forma sistemática propaga auténticas burradas desde el punto de vista científico, como que etiquetar vasos de agua con nombres afecta al agua que hay dentro o que los fósiles de dinosaurio son falsos y es un negocio basado en el engaño que sostienen los museos de todo el mundo, en esta ocasión fue diferente. Varios de los canales de divulgación españoles, como Quantum Fracture, optaron por contestarle. Javier aprovechó la ocasión para hacer una réplica directa a Mundo Desconocido poniendo todos los puntos sobre las íes.

En los círculos en los que vi que se comentaba este “salseo nerd”, bastante gente opinaba que los canales de ciencia no deberían embarrarse contestando a los charlatanes, ya que haciendo eso les ponen a su nivel y después los espectadores piensan que están a la misma altura. Otros pensamos más bien que precisamente una de las finalidades de la divulgación es ofrecer a la gente la versión contraria, siempre y cuando se haga sin faltar al respeto a quienes por ignorancia crean en según qué cosas. Sobre esta cuestión, Javier opina afortunadamente que “También depende del caso concreto. En general creo que es positivo siempre dar información, y desacreditar errores es una forma de dar información. Yo lo he hecho varias veces y lo volvería a hacer”.

Y siguiendo con los problemas del colectivo científico, otro de ellos que todavía no se entiende del todo es la baja presencia de mujeres. Una cuestión que se ha intentado solucionar con políticas de igualdad sin éxito, como publicaron diversos medios hace un mes. Por lo visto, los lugares donde hay una igualdad más efectiva entre hombres y mujeres es donde menos mujeres obtienen titulaciones científicas. “Según Youtube, que da una estadística de la que no me fío del todo, la proporción es algo así como 95-5”. Es decir, que de ser cierto, le seguirían casi veinte veces más hombres que mujeres. Y no es una cuestión que ni él ni otros hayan pasado por alto. “Lo he hablado en varias ocasiones con otros youtubers y la verdad es que no le encontramos más sentido que el hecho de que igual las mujeres no usan tanto Youtube para informarse y sí otros medios porque es algo que, por ejemplo, no veo en Facebook”.

Los que desde luego sí que se suscriben a este tipo de canales, por otra parte, son los estudiantes. Comentaba con Javier que en mi blog, que apenas recibe unas 200.000 visitas al año, la cantidad de consultas que recibo es de varias decenas al año, y que en su caso debía de ser más exagerado. “Sí. Recibo mensajes de todo tipo, del orden de centena al día”. Y entonces entramos en el asunto de todos aquellos que confunden divulgador científico con profesor particular gratuito y te contactan para ver si les explicas lo que han dado en clase. “Muchos me escriben para resolver preguntas, curiosidades… Pero también para trabajos de clase. Esto último sí me pone un poco de mal humor”. Y es que la frontera entre contestar preguntas de gente y hacerles los deberes o darles clase es muy difusa. Del mismo modo que los músicos se suelen quejar de que algunos locales les quieran llevar a tocar gratis “porque así ganan experiencia”, en este ámbito parece que la gente espera que les expliques todo “porque así explicas que es lo que te gusta”.

Con esto entramos en algo que como profesor veo y padezco casi a diario. El sistema educativo español (como prácticamente todos) contempla la física como una asignatura mecanicista consistente en aprender a resolver una serie de problemas concretos empleando una serie de fórmulas, y no en comprender el trasfondo de dichas fórmulas por falta de tiempo. Esta es una queja muy frecuente. Uno no puede explicar todo lo que hay tras cada fórmula que aparece en el libro si los exámenes de selectividad están ahí pisando los talones, los alumnos están estresados con que no se les explique nada que no entre y en ningún lugar está contemplado que se pregunte por el pensamiento científico.

“Yo iría desde la pregunta a la respuesta. Mostraría un fenómeno físico interesante con un experimento, preguntaría a los alumnos por lo que ha pasado, les haría pensar y luego entre todos haríamos una teoría que lo explicara. Es así como se hace la ciencia y es este por lo tanto el flujo normal para entenderla”.

Este método se intenta promover en las facultades de educación, pero es complicado instaurarlo cuando, de nuevo, en selectividad nadie te va a preguntar por este tipo de cosas. Uno no necesita entender qué ha hecho, ni siquiera cuándo puede hacerlo de ese modo, para conseguir un título. También es cierto que si en las pruebas de acceso a la universidad se hiciesen cosas como plantear un resultado experimental y pedir que se razone una explicación del mismo seguramente aumentarían los suspensos.

Y no quería terminar este artículo sin tratar lo más bonito de la comunicación, que son los resultados. Al preguntarle con qué frecuencia la gente le escribe para decir que han empezado a estudiar física gracias a él indica que “Me lo han dicho muchas veces y siempre me alegra el día. Como además yo me moví de la ingeniería a la física hay mucha gente que se siente identificada”. Sobre si tiene alguna anécdota en concreto que destacar, dice que “Quizás esa sea la anécdota, estudiantes de ingeniería a los que de repente les da la curiosidad por cambiar…”.

Y hasta aquí este primer capítulo de Transmitiendo la Ciencia. Espero que os haya parecido interesante y no una entrevista más, ya que la idea es aprovechar para ir haciendo más reportajes con las particularidades menos comentadas de otros divulgadores.

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